levo muchos años trabajando y nunca había obtenido un reconocimiento. Ahora llegó todo junto. Es increíble. Impecable”, lanza Andrés Vignoni. Esto, en referencia a que los primeros días de abril, uno de los vinos que elabora en Bodega Viña Cobos recibió un puntaje de 100 puntos por parte del crítico James Suckling. Y el martes pasado se enteró de que Tim Atkin lo había elegido como Joven enólogo del año.

-Dos reconocimientos en un mes, ¿qué implica esto para vos?

-Siempre trabajé por el vino, no por lo otro. Y siempre la meta es tratar de distinguir a los vinos, sobre todo para los consumidores. Después, los críticos un poco avalan esos caminos. Uno trabaja tanto detrás, que cuando llegan los reconocimientos y el aluvión de llamados cuesta un poco, porque no estamos acostumbrados a hablar con tanta gente.

Y lo primero que se me vino a la cabeza después de los 100 puntos es “¿cómo vamos a hacer para repetir esto?”. Fue casi la apuesta, más que el festejo. Y pasados los días se pudo disfrutar un poco más y sobre todo con los seres queridos, con la familia. Mis viejos son enólogos ambos y venimos de una generación larga de viticultores de la zona Este. Nunca un reconocimiento y de repente vienen todas estas cosas juntas, que son vividas con muchísima alegría y compartidas.

Y este segundo es mucho más a título personal y me pone muy contento, porque entré a trabajar a Viña Cobos en 2015 y recién en 2017 comencé a ser primer enólogo. Hemos hecho algunos ajustes en el estilo. Casi que hemos evolucionado hacia una enología minimalista, moderna, poniendo en valor no solo la elegancia, sino también la acidez. Y todo cambio puede tener una recepción positiva o negativa, y esto viene a avalar esos cambios y reafirmar que el  camino que emprendimos era el correcto.

-Se habla de que los viños 2020 van a ser de muy buena calidad…

-Los vinos están muy ricos. Hay mucha energía, muy buena acidez, los colores están impecables. Pero todo depende del modelo de negocios que tenga cada bodega. Nosotros apuntamos mucho a segmentos altos, donde no solo basta con tener grandes colores o muy buenos aromas. También está la concentración polifenólica y la fineza de los taninos, que terminan por hacer un vino elegante, distinguido, o no.

Mi visión es que va a ser una muy buena vendimia, pero nada que ver con la de 2019, que pudimos esperar la uva colgada, que los taninos se afinaron y su cremosidad realmente te habla de una gran añada que va a perdurar en la memoria de muchos. Esta va a ser buena, pero no una grande.

-Los cambios que ha forzado la pandemia, ¿brindan nuevas oportunidades?

-Creo que nosotros siempre nos hemos refugiado en la calidad y estos momentos de crisis nos van a pegar a todos, inevitablemente. Ya estamos viendo que es muy difícil llegar al consumidor, que se van a inventar nuevas maneras y se están profundizando medios de venta como el e-commerce o la venta directa. Creo que estamos parados frente a un nuevo paradigma donde las figuras de los intermediaros van a sufrir y también veo la oportunidad de entrar mucho más en contacto con los consumidores.

Las redes sociales nos han acercado a la gente que toma vino y eso es fundamental. Es muy importante que un crítico reconozca tu trabajo, pero más que quien toma el vino se sienta respaldado. La cercanía con el consumidor puede aumentar nuestra sensibilidad acerca de lo que estamos haciendo en la bodega. Y a nivel comercial, la calidad va a ser el camino porque cuando todo esto se recupere, las personas ya van a saber qué comprar y qué no.

-¿Por dónde sigue tu búsqueda como enólogo?

-Eso es casi como una espiral. Hay momentos claves, casi de inflexión. Hace tres años empezamos a ver un concepto que estaba relacionado con los taninos, pero no era sólo eso, sino más bien una mezcla entre los taninos, la textura y la acidez, que era como la columna vertebral que sostiene al vino. Son disparadores que llegan en un momento y te ayudan a completar el concepto que tenés.

No tengo un horizonte claro, sino que nos nutrimos probando vinos de todo el mundo. Colaboro con Paul (Hobbs) en sus proyectos afuera y viajo mucho presentando los vinos. Y probar y hablar con colegas te enriquece. Eso es lo que más tiempo toma. La reflexión para encontrar los medios técnicos para traducir eso, que es una sensación en el paladar, en una realidad. Y después, por supuesto, lograr que el consumidor se cope.

-Si tuvieras que elegir uno de los vinos que has logrado, ¿cuál sería?

-Cobos 2017. Nuestro vino ícono (el de los 100 puntos de James Suckling). Fue una apuesta fuerte. Dejamos de hacer Cobos Malbec, vino de una parcela determinada, y empezamos a hacer el mejor malbec de la bodega, que puede aceptar quizás medio bloquecito de otro lugar, si tiene un año espectacular. Y así lograr una experiencia superadora de vino. Eso fue muy importante no sólo a nivel vino, sino filosófico, porque una bodega tan basada en el terroir aceptó hacer un cambio. Entendiendo que ya llevamos 20 años descubriendo los bloques y que es momento de dar un paso más para posicionar vino íconos argentinos desde otro lugar.

-¿Qué cambios se puede esperar en la vitivinicultura con el calentamiento global?

-Este año se habló mucho de que era casi una bendición que coincidiera el adelanto de la vendimia con la aparición de la pandemia, pero nunca es una bendición que los ciclos biológicos se adelanten o se atrasen demasiado. La disponibilidad de agua va a ser lo fundamental y vital para Mendoza. Y más allá de eso, que nos tiene a todos preocupados, creo que va a cambiar un poco el paradigma.

Hace 20 años era totalmente impensado plantar en lugares como Gualtallary y San Pablo. Ni hablar de La Carrera o Estancia La Pampa. Creo que nos está obligando a salir de las zonas tradicionales y explorar lugares que antes eran demasiado fríos y hoy, a pesar de que puede madurar bien la uva, sigue habiendo mucho riesgo de heladas tardías. Y eso en todo el país. Tenemos viñedos en Chubut y Río Negro. Va a exigir que los enólogos y los viticultores tengamos la capacidad de interpretar qué terrenos son aptos para que la vid dé buenos vinos. Estamos atravesando un período experimental grande a nivel industria.

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