Es como si hubiera que aprender las rutinas de nuevo. Pocas o casi nada de salidas hasta que haya un panorama más claro con el coronavirus. Mientras tanto, muchas series, reuniones de pocos y descorches domésticos.

Pero como siempre que hay que abrir botellas en casa –por suerte esta vez para pocos– el criterio para elegirlas es difícil. Y en tiempos virus, crisis financiera e incertidumbre, contra todo este no es un tema menor. Porque hay maneras y maneras de sobrellevar estos días de angustia.

Que este tiempo no echa sombra sobre los manteles ni sobre las copas.

Se viene el fin del mundo

Es invisible pero causa pánico, tanto o más que los fantasmas. El asunto es que esta corona puede caer con el peso de las monarquías sobre los hombros de los pobres hombres de pie. Viajeros o tenderos del mundo, una tos seca puede hacer tambalear los mercados. Y sí, entramos todos en pánico. Parece que se viniera el fin del mundo –caen las bolsas, se desploman las acciones, no queda ya el consuelo de los besos–.

Ya se sabe que en ese tipo de circunstancias hay dos tipos de posturas morales: una, la de no abandonar el barco mientras la banda sigue tocando; la otra, saltar a los botes y sálvese quien pueda. En materia de vinos, los primeros descorcharán todo lo bueno que se pueda. Se trata de brindar con las mejores botellas, total, nada de esto quedará y con los ojos vidriosos y la garganta enjugada con lo mejor, afrontar lo que venga. Los segundos, en cambio, en plan de escape descorcharán lo justo. Una copita y ya, si acaso la semana que viene hiciera falta otro plan.

Si hay que votar, estamos con los primeros: beber lo más rico es una actitud estoica que, además, hará más llevadera la tormenta de malas noticias y temores.

Pasar la cuarentena

El cuento se repite. Veníamos de unas vacaciones en Europa; venía de un business trip; estuvimos reunidos con unos primos que llegaron de Italia. Fin del cuento: la cuarentena, con sus rincones llenos de pelusa y los tiempos de pensamientos sin sal, llega para instalarse. Es verdad, ahí están Netflix y las otras plataformas, también los libros y la Internet para infoxicarse un poco.

Pero también puede haber un puñado de buenas botellas para tener a mano y ponerle sabor a las comidas solo, viendo por la ventana el mundo para el que hoy somos tan peligroso como sospechoso. Y apechugar. Así, copa en mano, tantear si aparece fiebre, si la tos es húmeda o seca, si con el correr de los días algo sucede o no sucede nada. En todo caso, una cosa es segura: no se puede, ni debe salir si se tiene algo de responsabilidad civil.

Así es que hay que pedir un delivery de vinos en internet. Hay varios, desde Espacio Vino a Tonel Privado (con cuotas y envío a todo el país) y las mismas bodegas que hoy venden y entregan puerta a puerta, desde Bianchi a Susana Balbo y Chakana entre otras. Por suerte, en este mundo globalizado que hoy pasa factura, también están Rapi o Uber que cumplen bien su cometidos de ángeles de la guarda en traer y llevar un rico Malbec.

Curados al fin

El verbo es maravilloso. Curar. En nuestra lengua tiene un doble sentido que aplica a la perfección. Por un lado, podemos estar curados de una enfermedad, de una cuarentena, de un quemadura de amor o de una herida tan sencilla como un corte de papel. Por otro, también se puede estar curado por la bebida, que es una forma sanitarista y a la vez antiséptica de hablar de embriaguez en tiempos de pandemias.

Hay, sin embargo, otro uso que aplica tangencialmente. Se pueden curar los cueros y los pepinillos, las maderas y las hojas de tabaco, como también se pueden curar el ánimo y el corazón. Es en este último sentido en el que hoy una botella de vino puede arrimar un poco de sabor y embriaguez para hacernos sentir mejor.

No es poca cosa esta magia del vino en estos tiempos en que la cura es un deseo y también una responsabilidad.

No compartir copas, una acción saludable

El vino tinto tiene muchos beneficios probados. Sin embargo, su alcohol no alcanza a combatir al virus. Prevenir contagios y seguir los consejos de la OMS debería ser un plan razonable antes que resolverlo con soluciones caseras. En cualquier caso, una única recomendación: no compartir copas puede ser una medida salutífera.

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