Nuevas historias de vinos para conocer

El origen de Finca La Igriega empezó como tantos otros, con la compra de un pedazo de tierra aprovechando una oportunidad. Pero con el tiempo, Marcelo padre y Nicolás hijo, sintieron una atracción inexplicable que se transformó en pasión. Fue cuando la finca comenzó a tomar color y empezó a dar uvas de una calidad que llamaba la atención de enólogos y agrónomos que merodeaban la zona en busca de uvas Malbec especiales.

Así fue que los Goldberg, además de continuar siendo viñateros del siglo XXI, decidieron convertirse en bodegueros.

Finca La Igriega está en los Altos de Altamira, son 25 de las mejores hectáreas plantadas con viñas que se pueden encontrar en La Consulta, a decir de varios agrónomos. Básicamente se plantó Malbec, aunque hay una pequeña parcela de otras variedades, y las uvas que no utilizan las venden a las principales bodegas.

A la hora de empezar a saborear sus vinos todas recomendaciones condujeron al mismo lugar, y por eso desde el día uno el enólogo es Felipe Stahlschmidt, uno de los jóvenes profesionales con más experiencia y más futuro.

En 2012 fue el primer intento, pero entre las características propias de la cosecha; cálida y consecuentemente con uvas de profunda madurez; y las ansias del vino fundacional, el resultado fue muy compacto. En 2013 hubo un cambio, y ya desde 2014 hay un juego más de equipo, en el que Nicolás (el hijo) es el director.

Cómo llegaron a la finca

Finca La Igriega es un proyecto familiar que comenzó en 2006 cuando compraron la finca. Hoy Nicolás puede decir orgulloso que es segunda generación de hacedores de vino, aunque sea una historia que recién está comenzando. Él es economista, y en aquel entonces trabajaba en el Ministerio de Economía y en una consultora, muy lejos del vino. Pero sus tíos los invitaron a conocer Altamira, en el Valle de Uco, Mendoza. Y al llegar, él y su padre se enamoraron del lugar, de la gente y de su paisaje salvaje. Y cuando apareció la primer oportunidad de comprar una finca, no dudaron ni un minuto.

Son 25 hectáreas a 1000m de la calle superior, en una zona (ahora) más conocida como Altamira Soho; con derecho a agua (fundamental) y todo. Desde el vamos fue pensada de manera ordenada y cuidada, y le pusieron todos los chiches; una represa para el riego por goteo y malla antigranizo. Empezaron como productores de uva, y en 2011 alcanzaron una producción anual de 180.000 kg.

La primer decisión fue plantar todo Malbec y fue de Marcelo, por eso se enfocaron en lograr un auténtico Malbec de Altamira, algo que varias de las principales bodegas valoran mucho desde entonces.

En 2010, a través de su Ing. Agrónomo Carlos Cagiatti conocen a Felipe, y la única condición era que debía ponerse la camiseta. Hoy Felipe es parte de Finca La Igriega.

2012 fue la primer cosecha en la que elaboraron vinos, eran microvinificaciones en bines plásticos y con la intención de intentar ver que podían hacer, siempre queriendo agregar valor.
En 2014 Nicolás trabajaba con el reconocido economista Dante Sicca, y recibieron una invitación de un tío lejano para viajar a Nueva York.

Si bien Marcelo había elegido trabajar con sus hijos como concepto (por eso el proyecto nace como familiar), fue el tío quién puso el dedo en la llaga, y les ayudó a ver que era Nicolás el profesional indicado para liderar la bodega familiar.
Así fue que desde Enero 2015 se dedicó a full a Finca La Igriega, “fue un semestre en el cual la empresa familiar era 100% a pulmón”, cuenta Nicolás.

Rápidamente empezó a trabajar con un importador nacional en los Estados Unidos, y estuvo seis meses viajando sin parar de estado a estado, capacitándose. Él con un solo vino, el Malbec 2013 que había sido fraccionado en Febrero.

En julio de ese año se dirigió a California para realizar un curso de la OIV de dos semanas, y de ahí a Nueva York sin escalas para empezar a vender sus vinos en una vinoteca (Wine Shop) de Manhattan. “Abrí algunas cuentas (20) pero se necesitaban más cosas. El distribuidor me facilitaba la logística, y así se vendió bastante. La aceptación del vino fue muy buena, pero cuando volví a Buenos Aires el proceso ya no fue tan fluido”, recuerda el joven bodeguero.
En ese momento eligió trabajar con El Garaje de Aldo (la distribuidora del reconocido sommelier y propietario de los restaurantes Aldo´s y Casa Cruz, entre otros). “El primer año de venta local fue espectacular, por encima de lo esperado, y por eso nos animamos a sacar el Blend, que en Estados Unidos ya está en varios restaurantes”, agrega Nicolás.

Ellos quieren vivir de esto pero saben que hay que ir de a poco, e invertir donde sea más necesario. Hoy ponen foco en el trade, por eso viajaron en 2017 a Vinexpo en Burdeos por primera vez, donde participaron en el stand del Andreas Larsson, uno de los mejores sommeliers del mundo. Y ahora exportan a China.
Forman parte de PIPA, una asociación civil con personería jurídica que agrupa a los pequeños productores de Paraje Altamira, la reciente IG (Indicación Geográfica) promulgada. Nicolás es el Tesorero pero también uno de sus máximos impulsores, convencido que la unión hace la fuerza, comenta: “lo que está pasando por PIPA es que varios críticos internacionales están viniendo a Altamira”.

Los vinos de La Igriega
En todos los vinos buscan una genuina expresión del terruño. Injertaron algunas cepas de Malbec con otras como Cabernet Franc, Petit Verdot y Cabernet Sauvignon en algo más de 0,5 ha, para poder lograr un blend con uvas propias.
El nombre Finca La Igriega responde a una filosofía de vida propia de Marcelo, en el que una suma de cosas hacen posible un todo.
En el producto final no fueron tan detallistas como en la viña, “usamos para todos los vinos la misma botella y el mismo corcho, las diferencias están en trabajo en viñedo y en la bodega”, afirma Nicolás.

El nombre LA IGRIEGA significa “Y” en español -equivalente a “and” en inglés- y simboliza la estructura genética de este proyecto. Significa enlace, unión, nexo, suma. Y en FINCA LA IGRIEGA creemos que de esto se trata la vida.

FINCA LA IGRIEGA es la suma de un magnífico terroir situado en las alturas de los Andes; el cuidado de un reconocido ingeniero agrónomo; las habilidades de un excelente enólogo y la pasión de la familia Goldberg.

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